Los compradores primerizos suelen centrarse en aspectos visibles del terreno y descuidan cuestiones que pueden tener un impacto enorme en el proyecto. Una de las omisiones más comunes es no verificar la edificabilidad real antes de enamorarse de la parcela. Muchos se fijan en la superficie total sin comprobar cuántos metros cuadrados se pueden construir efectivamente tras aplicar retranqueos, alturas máximas y zonas verdes obligatorias. Esta falta de atención genera sorpresas desagradables cuando llega el momento de diseñar la casa.
Otro punto frecuentemente ignorado es la orientación solar y su influencia en el consumo energético futuro. Un terreno con excelente vista al norte puede resultar mucho más costoso de climatizar que otro aparentemente menos atractivo pero mejor orientado. En España, donde las diferencias térmicas entre norte y sur son notables, elegir la orientación adecuada desde el principio marca una diferencia significativa en las facturas de luz y gas a lo largo de décadas.
La proximidad a infraestructuras futuras también pasa desapercibida con frecuencia. Muchos compradores no investigan planes de ampliación de carreteras, líneas de alta tensión o desarrollos urbanísticos pendientes que podrían afectar la tranquilidad o incluso la habitabilidad de la vivienda. Un solar idílico hoy puede convertirse en una parcela ruidosa o poco atractiva en pocos años si no se revisan estos planes con antelación.
Por último, la ausencia de un estudio geotécnico previo es una de las equivocaciones más caras. Compradores inexpertos asumen que cualquier terreno sirve para construir, sin considerar la necesidad de cimentaciones especiales en suelos problemáticos. En regiones con arcillas expansivas o alto nivel freático, estas obras adicionales pueden incrementar el presupuesto en un porcentaje considerable. Una revisión exhaustiva desde el principio evita estas sorpresas y permite tomar decisiones informadas que garantizan el éxito del proyecto.
